martes, febrero 22, 2005

Saint José Lucero´s primary school

He recordado un hecho de mi infancia, cosa bastante inhabitual porque no recuerdo apenas cosas del colegio y muy pocas del instituto. Tengo una memoria desastre y selectiva, en las que mis experiencias personales cotidianas y poco trascendentes van rápida y directamente al pozo del olvido. Eso sí cuando me acuerdo de algo lo hago con todo lujo de detalles.


El hecho que nos ocupa hoy sucedió dentro de aquel templo de la enseñanza general básica que era el Colegio Público San José Lucero. Creo que estaba en 3ª o 4º de la fenecida EGB. Por alguna extraña idea en ese curso se había decidido montar una pequeña biblioteca en cada clase. Formada por los libros que donaban a la fuerza los propios alumnos. Esto conllevaba en crear un catalogo de mierdas. Los libros que ninguno quisó y excepto un par de progenitores motivados que cedieron algún libro de Elige tu propia aventura o algún albúm Lucky Luke extraviado, todo lo demás eran libros infantiles completamente nuevos, es decir regalos de navidades y cumpleaños no deseados.


Al grano, lo que he recordado es como para fomentar la lectura nuestro maestro Don J. hizo una competición para ver quién era el que más libros había sacado durante el curso. Lo que obviamente fue un completo desastre ya que los niños de bien en cuanto consiguieron sacar las perlas, olvidarón completamente su uso. Excepto un chico J.L. que era el encargado de llevar el registro de los prestamos.


Al final del curso Don J. que era severo pero de corazón buenrollista, quiso elogiar los comportamientos creativos del curso. Así que como si fuese la gala de los ojcars® cogió una mañana y dijo que iba a anunciar a la élite de su clase.


En primer lugar premio al chico que más libros había leído durante el curso, que fue obviamente J.L. que había sacado el doble que el segundo de la lista. Todos sabiamos que J.L. sacaba los libros por fardar¿?. Únicamente se los llevaba a casa para volverlos a traer a los dos días y apuntarse un tanto en la lista. Como Don J. se lo debió oler decidio premiar a las dos personas que iban detrás en la lista con razones completamente absurdas. En segundo lugar nombró a V. (casualmente la segunda en la lista de lecturas) que era marginada por todas las chicas ya que jugaba al fútbol y por tanto era tildada de marimacho a la menor ocasión. Don J. decidió valorar la mejor cualidad de la chica, ya que era la niña que mejor y más correctamente leía en alto de la clase. Y por último Don J. pasó a nombrarme a mí (que casualmente estaba el tercero en la lista de prestamos). Yo por aquel entonces era el típico que no le gustaba jugar al futbol y me pirraba por los tebeos y jugar con mis argamboys. ES decir un marginado más. Don J. que se debió ver en un apuro decidio sacarme al estrado bajo la excusa de ser El chico con más imaginación de la clase. Yo en un extraño momento de clarividencia pensé ¿cómo se puede medir algo así?



Una vez estabamos los tres en la pizarra. Don J. quisó rematar la faena haciendo que toda la clase nos agasajase con un merecido aplauso. Ahora con el paso de tiempo sé que esos fueron mis 5 minutos andywarlojianos de gloria. Y pondría la mano en el fuego que los tres que allí estabamos a poco más ibamos a llegar en la vida, sino a amplias cuotas de mediocridad. De todos modos no creaís que se me subió a la cabeza, en aquella época estaba acostumbrado asaborear el dulce sabor del éxito. Ya que tenía una medalla de bronce en judo. Ganada con toda justicia al ser eliminado mi rival al haberme abierto una costra en la rodilla durante las semifinales (eramos cuatro en esa categoría) y sangrado abundantemente sobre el tatamí. lAstima que mi lesión me impidiese llegar a la final. pfffffff

2 comentarios:

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  2. Próximamente en esta sección de flashbacks escolares traumaticos:

    - La guerra con el colegio de al lado
    - Los guateques en el gimnasio
    - El crecimiento de una lenteja
    - Las preposiciones
    - Mi carrera teatral escolar
    - Primer contacto con el catalá
    - ETC...

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