martes, febrero 15, 2005

Instinto de conservación

Desde ayer la oficina se ha convertido en un caos. Demasiada gente. Debido a la fogata del edificio Windsor de Nuevos Ministerios (por alguna razón mi madre llama aun a este emplazamiento Generalisímo, donde se situa el popular CorteIngles de Generalisímo ¿?) algunas de las empresas que allí se situaban han ocupado temporalmente nuestras oficinas. Conclusión: todos apelotonados.


Los "oficinistas/trabajadores residentes" lejos de mostrarnos comprensivos y tolerantes con los recién llegados. No perdemos ocasión para mirarlos por encima del hombro con rencor y hacerles ver que sobran. Más aún cuando hay una compañia de viajes europea en la que todos los curritos son gabatxos, teutones, hijosdeñagranbretaña o vete tu a saber qué...
Lo peor es que parecen supereficientes y eso nos revienta. Además no comen en tupper sino que se van al bar como pequeño-burgueses. Gentuza!


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