sábado, febrero 26, 2005

El eterno retorno

Sábado de trabajo. El ambiente estaba un poco rancio. Los rumores de inminente y masivo despido van incrementando. Desde mis humildes posibilidades intento propagarlos como la peste entre mis compañeros.


El mejor momento del día ha sido cuando se ha acercado T. y me ha explicado que en su juventud era "malota", como iba ataviada con sus nike air, sus mallas de sordomuda, su plumas, sus rayban y un kiki cogido con una goma en la cabeza... Hasta sus amigas reconocían que les daba miedo ir con ella de lo chunga que era. Me ha arrebatado el corazón explicandome como se peleaba con otras tías. Me mola la gente así, que es capaz de sacar pecho de su pasado.


Como cada sábado laboral el bus de vuelta ha sido una significativa estampa de la juventud. Unos chicos que eran "relaciones" y repartian flyers de la discoteca Splash(otrora Paladium). Se han cansado de repartir y han subido al bus donde desde una de sus mochilas, han sacado una botella de agua rellena de calimotxo a la que han ido dando tientos todo el trayecto.


Delante mia había también un chico de poco más de quince años con gorra de rapero. Ha sacado un folio doblado y un boligrafo rojo. Ha procedido a realizar bocetos para un graffiti: Representando una cabeza con gafas de sol, pelo afro y un enorme petardo en la comisura de los labios. Rodeado de tipografias rebuscadas con mensajes sin sentido... Es decir un visionario. Ahora sí que entiendo lo del eterno retorno Nitzcheniano.


Soundtrack del trayecto:
Cooper Fonorama

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