miércoles, febrero 23, 2005

Crónica de una cionofobia

Con una de las primeras luces del día me desperté. Lo primero que hice fue ponerme las gafas y mirar por la ventana. Me encontré de bruces con una de las cosas que más odio en este mundo: La nieve.


Rápidamente me volví a meter en la cama, enrollandome con el edredón nórdico que pasaba a ser mi segunda piel. Por fortuna no tenía que ir a trabajar y no había nada, absolutamente nada que me hiciese salir al exterior. Tenía todo lo que podía necesitar para superar esta crisis. Calefacción, agua, comida y todo tipo de cosas para entretenerme. Aunque si me hubiesen faltado quizá hubiese pasado todo el día exactamente igual, en posición fetal calentito en la cama.


Ahora sólo me queda rezar y pedir que mañana diluvie, arrecie el viento, frío polar o lo que sea... pero sin nieve, ni hielo.

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