jueves, enero 20, 2005

The catcher in the rye

Soy una persona que presume de tener prácticamente todos los defectos imaginables en un ser humano. Bien orgulloso que estoy. Pero por suerte hay uno que me he cuidado bien de no tener, uno de los peores males de este siglo y del pasado: "La tolerancia"


Me declaro abiertamente intolerante con las ideas de los demás, siempre y cuando no coincidan o se asemejen con las mías. Por ejemplo, ayer tarde estaba bajando las eternas escaleras de la linea 6 de CuatroCaminos, cuando en un rellano estaba el peculiar músicastro pestoso con barba y gorra a lo "llaqui braun" marcandose una versión de Ojalá de Silvio Rodriguez. Buenas ganas tenía yo dejar de reprimirme y escupir un buen lapo verde dentro de la funda de su guitarra y soltarle algún improperio tal como "Renueva el repertorio" o simplemente el clásico "Muerete"


Cuando una chica maja con un palestino delante mio se ha acercado a él, con toda su inocencia juvenil le ha dicho: - "Te puedo hacer una pregunta? No darás clases de guitarra?" - Solo ver la cara de ilusión que ha puesto el tipo al ver que alguién le hacia el más mínimo caso y comprendía su arte, ha hecho que se sofocase mi odio dejandome con la refexión de que hay gente pa' tó.


Cuando me he subido al metro, estaban unos peruanos tocando el humauaqueño y por venganza les he dado una moneda de dos eurazos. Todo sea por ayudar a equilibrar el cosmos.

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